Promesa del nombre
Adela Rolón: Promesa del nombre. Editorial fundación de la U.N.S.J, Argentina 1997. Con Dibujo de tapa y 7 ilustraciones de la Profesora Alicia Garcés.
Estela Saint André autora de la presentación del libro
Presentación
Los poemas de Promesa del Nombre hablan por sí mismos y no necesitan de ninguna presentación, ya que si ésta es simple, desmerecerá ante la profundidad del poemario y, si se atreviera a intentar complejidad sólo parecerá ostentosa pedantería académica frente a la límpida sencillez de esta poesía que recrea con tantos matices inesperados el hecho de estar amando. Por lo tanto sólo me permitiré compartir de mi lectura aquello que me asombró la primera vez que los leí y que después de varios meses recuerdo con la misma fuerza.
Festejo la magia del título. La “promesa” se me abre en todas sus posibles connotaciones. Por un lado, la promesa es palabra, está hecha de nombre, con nombres al pronunciarla, es entonces nombre. Pero también verbo, germen de acción. El enunciado se vuelve así complejo, jugando con lo activo y lo pasivo, lo ya dado y lo por obtener. La búsqueda y el encuentro. Cuanto más se lo piensa crece lo paradojal ¿Se promete un nombre? ¿El nombre es el que promete?
Promesa es una oferta y también una expresión de voluntad de dar algo a alguien. En ambas situaciones siempre se compromete un ofertante, un promesante ante alguien y por algo. Cabe la pregunta por el responsable de la promesa ¿Será la voz poética de Adela Rolón la prometedora o es la prometida?¿Y a quien más compromete este acto? ¿A otro que no se nombra? ¿O justamente a un ser cuyo nombre es la promesa? Debo decidir si lo elidido es el emisor o esa palabra empeñada, el que la recibe o el objeto prometido.
Puedo pensarla además como un augurio que da esperanza de algún bien. Ante el libro de poesías que estoy por abrir puedo ser yo, lector, lectora, a quien se me hace tal ofrecimiento. En cualquiera de los casos -y prefiero multiplicar las posibilidades en lugar de reducirlas- el acto de prometer se impregna de la solemnidad que tienen tanto los momentos más importantes de la vida humana como aquellos que nos comprometen con la trascendencia, con lo sagrado. La acción equivale a un juramento, entiendo que el cumplimiento será su culminación. Es posible pensar la promesa como un contrato preparatorio de otro más solemne. Como un estadio de transición hacia otro de mayor dilucidación.
En todos los casos, humanos o profanos, el que promete asegura. El que promete afirma la certeza de lo que enuncia, da confianza de que se obtendrá un bien. Si promete cree; tiene seguridad, ilusión.
El mundo recreado por estos cien poemas es a la manera del edén bíblico, un espacio que congrega sólo a dos, la pareja primordial. Pero antes de la caída. En su búsqueda no hay atisbo de pecado ni de prohibición. Sólo la expectativa de un encuentro dichoso. O el dolor desnudo por una separación que no se admite ni se comprende. Este paraíso amoroso carece de todas aquellas cargas del mundo cotidiano. Se han esfumado las alternativas difíciles del vivir contemporáneo y deslumbra la ausencia de todos los objetos que abarrotan nuestra cotidianeidad. Lo vegetal y lo animal primigenio, junto con el paisaje natural, circundan solamente a los amantes que confunden con ellos sus cualidades y sentidos.
Y sin embargo no es posible pensar este universo poético como arcaico, porque la voz que se vuelve reclamo amoroso es la voz de una Eva renovada y actual, que no calla, que no cede protagonismos, que no oculta su pasión sino que la ofrenda y el canto se le vuelve propuesta, invitación, regocijo anticipado, requiebro, sin los falsos pudores que los siglos inventaron como propios y convenientes para la mujer. Tampoco serán sus armas de conquista el tono plañidero, lastimoso, sino una palabra fortalecida o en la rabia del despecho, o en el juego alegre del asedio, o en la argumentación que asegura la imposibilidad del rechazo. Porque esta poeta no titubea en barajar con justeza la energía del razonamiento con la tibieza del sentimiento. Así como también adopta a veces, sin transiciones una actitud sumisa, entregada, recipiente que contrasta con otra autoritaria, demandante, desbordada. Este femenino que elige libremente ser pasivo o activo convierte a la poesía de Adela Rolón en una vanguardia asociada con muchas otras escritoras continentales y del mundo. Sin embanderamientos. No hay ni un atisbo de proclama feminista. Hay una convincente apropiación de la palabra, de las actitudes, de los sentimientos que en cada caso juzga oportunos
Esta poesía conjuga tres instancias: el cuerpo, el tiempo y la palabra.
El cuerpo del amante demandado y el propio son recintos consagrados (“templo”, “cuenco celeste lleno de preguntas”, “huerto”, “campanas”, “lugar azul”, “rescoldo inquieto”, “tu puerto”, “mis almenas”, “mi fragua”...) pero es sólo en el espacio poético donde estos cuerpos se aproximan. La palabra es la única que puede albergar la ilusión de un encuentro que se intuye, a veces, como imposible. El objeto de ese amor es huidizo, reticente.
Es posible asomarse a los poemas como a una hondonada por donde fluye el tiempo, con la esperanza de asir una anécdota evanescente que, como algunos sueños bellos dejan sólo imágenes sin carne ni razones pero convocan y promueven en el lector la avidez por el final, como en los cuentos. Los poemas de amor plenos de lirismo apasionado se trastornan por la magia de su construcción en historias apenas esbozadas de cuyo desenlace quisiéramos enterarnos. Son instantes vitales de una situación amorosa de la que escuchamos una sola voz que demanda, que espera, que reprocha y conjetura. Amado y amante, comprendemos, viven un destiempo desgarrador. La magia de la poesía se patentiza, se explicita: es el único medio capaz de poner palabras allí justamente donde caben los silencios. Articula discursos ante el amor no correspondido, enuncia aquello que nunca se dirá frente a frente. Es un canto al decir callando. O es un decir para no decir.
Los tiempos del quizás, del encuentro imposible se esfuman en otras poesías en las que se vislumbra un estadio final, pleno de procesos felices, rotundo con locas agencias y demandas de decisiones. En ellas, la voz amorosa embriagada y en fiesta emprende afanes titánicos: /”instalaré el silencio encima del enigma/... /”desataré las puertas de un dique interminable”/... /”Iré hasta tu sonido”/... /”saltaré el horizonte”.
En unos y en otros – los del amor que huye o los del amor esperanzado en la conquista- hay una misma confianza en el poder de la palabra como única llave de lo humano.
El ser “es lenguaje, cuerpo que habla, gestos, silencios, balbuceos, poesías”. Hay una conciencia semiótica subyacente en todas las situaciones que plantea esta retórica de lo amoroso, desbordada en imágenes locuaces del otro que siempre es el amor y que responde con silencio que es otra clase de palabra.
Me pregunto en este punto entre tantas divagaciones quién es este ser que tiene la fuerza, el optimismo, la certeza para acuñar una expresión con estas sugerencias y me lo pregunto desde un momento en el que parecen haber caducado las esperanzas, la palabra comprometida, las ilusione, la voluntad de crear y de creer. Y no puedo menos que ceder a la tentación de jugar con los nombres y acercarme a una etimología muy falaz pero que en este caso es sugestiva: promesa-Prometeo, aquel osado que para animar a los hombres se atrevió a robar el fuego de los dioses. Porque así se me aparecen estos poemas, como un fuego vivificante, como una osadía. Porque cantan el amor, porque festejan la sensualidad, porque fundan la esperanza - ¿la utopía?- de que es posible rehacer el mundo si se da vía libre al sentimiento apasionado.
Rolón Adela y Escales Helena, De palabras somos. San Juan, Argentina, Ed. Ffha. UNSJ, 2004
Saint André, Estela, Autora del Prólogo del libro
De palabras
Vas, lector y lectora, a embarcarte en un lago de poemas tumultuosos que pueden hacer que tu travesía lectura te sumerja en oleajes marinos embravecidos que de pronto adquieren la inquietante serenidad de lo lacustre.
A pesar de la zozobra de tus sentidos y sentimientos, una voz capitana y poeta te convoca, lector-lectora, te demanda, te seduce, te incrimina, te envuelve en juegos de lenguaje que te comprometen en cuerpo entero. Esta escritura sirena no te da respiro. Esta voz te atrae hacia su puerto, jamás se irá contigo. El poema, sus palabras, la página son las redes de las que no podrás ni querrás escapar. (Por dónde andarías.../Hace tantos años que te necesito)
En esta poesía, justamente, las palabras no son aire ni van al aire. Son fuego que va hacia tus palabras, arrancándote tus respuestas. Son signos que se funden con los tuyos, aquellos guardados más celosamente para el amor inalcanzable, fugitivo, inasible, fogoso. Hasta tal punto que muchas veces –sortilegio- creerás tuyas la palabra de esta hechicera poeta que leyó tus incógnitas y responde con acertijos.
Y somos de lenguaje peregrino
En circuitos de palabras
Nos pasamos la vida y después
Morimos con palabras y relatos
Con metáfora y nombre, con enigmas.
Por eso, te dejamos las palabras
Que pueden darte un hada o un espía
Que cuide generoso de las tuyas
Y te digas creciendo por palabras
Lo que puedas volverte:
Silencio o poesía (De la palabra somos)
Al hacerte el amor con palabras esta poesía agrava más todavía tu implicación porque construyes al leerlo un texto que espera, un aliento de inagotable esperanza, una serena convicción de que tus sentidos y tu amor alcanzarán al amante y que él o ella y tú y yo y nosotros jamás podremos dejar de aceptar el reto de ese amor soñado-soñante que llevamos prendido en nuestras más secretas ilusiones.
Cómo quisiera escribirte
lo que quieras leer
sin explorarte
Cómo se puede aprender a bordear
lentamente, sin llamar
mojarte con oleadas de palabras
y voces de la lengua que te acerquen
el suburbio feliz de la ternura
Porque hablamos del amor total, de la promesa de la entrega, de tus poros regocijados, de pulsos y latidos, de dolor y de felicidad, todo junto, todo hablado y a la vez vivido porque para Adela Rolón, cantar y amar y vivir y hablar se conjugan juntos y somos por y para y con y del lenguaje que nos habla y hablamos.
Ya tengo mi papel
¡Qué desmesura!
Las hilachas del sol me reconocen
cuando voy y las tomo todas juntas
para volver al flanco
de tu pecho encendido
con las nuevas preguntas.
¡Cuidado! con el borde de la hoguera
que en la textura inquieta del silencio
Devana la emoción de las locuras.
Tus poemas, Adela, deberían tener la calidad de lo anónimo, aquello que nos permitiera una legítima apropiación porque sino por qué hablas como si yo o él o ella habláramos. ¿Por qué nos desnudas de nuestras palabras?
Qué podría contarle
a tus historias
de duendes y de pájaros
para dar en el centro de la pena
con el dardo de fe tibio y sagrado
(de Qué fuerza me darás para decirte)
La poeta no se conforma con una voluntad creativa de su mundo, suma a su lector/a a un proyecto de haceres que lo comprometen de por vida.
Te abriría las alas
Al fervor de las huellas
Donde vamos dejando
El calor del silencio
Y la voz entreabierta
Para darla en amores
Y crecer en poemas.
Inventaría tu segunda pregunta
Que te atice el delirio
De buscar la respuesta
...........................................
(de Si pudiera llevarte)
Para ella no hay desánimo, ni armaduras, sólo decisión fogosa y una esperanza irreductible para compartir con el amado una pasión que no está dispuesta a renunciar.
Decirte, con la piel de las estrellas
lo que quieras oír de la esperanza.
Por ese matiz
sembrar una azalea enardecida
aspirarte en los soles resolana
hasta enhebrar el río con tus cuentos
donde puedas leer
las letras infinitas
con que quieres domarte las distancias
(de Con ese color, cómo quisiera)
Libroamor, libre-amor, alegría del encuentro que no conoce de culpas ni de límites (Ahí, por ese cauce /Donde confluye la vertiente del poema /Se abrió la cicatriz de la alegría), cancela las distancias y se abre al mundo que con ella se libera y rompe las penas de la represión y el egoísmo. Como en Así en tu horizonte: Tan cerca que ya no falte nada /para que salgas a repartirnos / como pan, / como sol, /como inocencia.
Además del júbilo del amor, de la punzante saeta de un pensamiento inquietante –la sabemos tanto filósofa como poeta - su palabra deambula entre acertijos, premisas, argumentaciones tanto como con composiciones populares que le aportan picardía a sus inacabables juegos lingüísticos. Digan si no se contagian de su sonrisa al leer Ayer pasé por tu lado: Ayer alcé un desafío /que me dejaste al pasar / hoy te pido que me cures / o te voy a enamorar... /mejor no me cures nada/ ya no me puedo sanar.
Un libro de seguridades y celebraciones, que elide el mundo de la angustia y del desconcierto, del odio y el egoísmo para señalar el camino jubiloso y libre del amor y que lleva como única brújula la palabra dirigida, convencida de que con ella se allanan todas las distancias, las penas y los desaires, es un libro curador. Porque no habrá lector o lectora que al cerrarlo no renueve su presente con un sueño futuro de amores y de comunicación plena.